Cracovia confirma que la juventud se mueve

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Si te digo que este verano en Cracovia se han reunido tres millones de jóvenes de forma simultánea, posiblemente pensarás que hablo del festival de música más de moda o, quizás, de la mayor quedada de Pokémon GO. Pero no, no fue así… Deja que te explique 😉

No sé si has participado alguna vez en alguna Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), yo tuve la oportunidad de acudir este verano. Te cuento mi experiencia.

Lo primero que me surgió antes de iniciar el viaje fue la gran cuestión: ¿cómo puede ser que a un evento de estas características asista muchísima más gente que al festival musical más famoso del mundo? ¿Qué les atrae? ¿Qué ocurre allí?

Son diversas preguntas sobre este evento.  Pero empecemos por el principio. ¿Qué es una Jornada Mundial de la Juventud?

La Jornada Mundial de la Juventud es una invitación del Papa a todos los jóvenes a ser testigos de su fe, compartirla con otros jóvenes y vivir el auténtico significado de Iglesia como comunidad.

Como apunte histórico podemos resaltar que tienen su origen con el Papa Pablo VI y más tarde cobraron un protagonismo esencial con el Papa Juan Pablo II. Por tanto, coincidiendo este evento con un lugar tan significativo para el santo, tiene un significado especial contextualizado en el Año Jubilar de la Misericordia.

¿Qué atrae a los jóvenes a esta jornada?

Seguro que eres, o has sido, joven. Y como joven habrás sentido en algún momento la necesidad de ser feliz, algo que no parece trivial. ¿Crees que es fácil confundir felicidad con comodidad? Atento a estas palabras del Papa Francisco durante su discurso en la JMJ (Campus Misericordiae, Cracovia – sábado 30 de julio de 2016):

La parálisis nace cuando se confunde «felicidad» con un «sofá». Sí, creer que para ser feliz necesitamos un buen sofá. Un sofá que nos ayude a estar cómodos, tranquilos, bien seguros. Un sofá —como los que hay ahora, modernos, con masajes adormecedores incluidos— que nos garantiza horas de tranquilidad para trasladarnos al mundo de los videojuegos y pasar horas frente a la computadora. Un sofá contra todo tipo de dolores y temores. Un sofá que nos haga quedarnos cerrados en casa, sin fatigarnos ni preocuparnos. La «sofá-felicidad», es probablemente la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, que más puede arruinar a la juventud. Y, Padre, ¿por qué sucede esto? Porque poco a poco, sin darnos cuenta, nos vamos quedando dormidos, nos vamos quedando embobados y atontados. El otro día hablaba de los jóvenes que se jubilan a los 20 años; hoy hablo de los jóvenes adormentados, embobados y atontados, mientras otros —quizás los más vivos, pero no los más buenos— deciden el futuro por nosotros.

¿Con qué se quedan estos jóvenes?

Sin duda en estas palabras encontramos el mensaje capital que podemos llevarnos individualmente de esta experiencia. Es una llamada a salir de la comodidad, de nuestra zona de confort. Cambiar de actitud y tomar las riendas de nuestra vida. No dejarnos llevar por placeres fugaces, acomodos temporales y, sobretodo, saber distinguir entre comodidad y felicidad. Para esto precisamos romper esa parálisis y saber que es posible volver a caer en esa comodidad fácilmente, pero debemos tener siempre la esperanza y la voluntad de recuperarnos.

¿Y después de salir de esa parálisis?

Después sólo nos queda trabajar para decidir nuestro futuro. Es el primer paso para cambiar nuestro mundo: dejar la pasividad y comenzar a hacer cosas. No necesariamente grandes cosas, sino pequeños proyectos que van consiguiendo cambiarte a ti y todo lo que te rodea.

¿Es este un mensaje sólo para jóvenes cristianos?

Es una invitación a cada hombre a salir de sí mismo para conquistar la verdadera felicidad. Cada Jornada Mundial de la Juventud trae un mensaje revolucionario que forma las piezas de un puzle que, en su conjunto, transmite un mensaje global vigente tras dos milenios: la revolución de prender la llamada de la fe y encontrar la vocación que te permite alcanzar la felicidad.

Octavio García y Borja Moreno